Bibliotecas y archivos históricos: por qué el agua no va y qué exige el protocolo de gas limpio
El problema: el agua salva el edificio y destruye lo que hay adentro
En un archivo histórico, una biblioteca patrimonial o un depósito de expedientes, el contenido vale más que el edificio. Un acta fundacional del siglo XIX, un fondo fotográfico o una colección de periódicos no se reponen con el seguro. Y ahí está la trampa táctica: la línea de 45 mm que apaga un incendio de clase A en cualquier vivienda puede convertir un depósito de papel en una pérdida total, aunque el fuego haya quemado apenas una estantería.
Los números son claros:
- Una línea de 45 mm descarga del orden de 200 a 400 litros por minuto. Diez minutos de ataque son varias toneladas de agua sobre un material que la absorbe como una esponja.
- El papel mojado puede duplicar o triplicar su peso. Las estanterías cargadas pierden estabilidad y aparece el riesgo de colapso de entrepisos sobre el personal.
- El moho empieza a desarrollarse entre las 48 y 72 horas si la humedad relativa supera el 65-70 %. Pasado ese plazo, la recuperación se vuelve mucho más cara o directamente imposible.
- El papel ilustrado o estucado (revistas, láminas, catálogos) se pega en bloque al secarse y no se puede separar sin destruirlo.
- Las tintas solubles, los sellos y los soportes fotográficos se corren o se despegan con el primer contacto.
Por eso la prioridad en estos edificios cambia: hay que extinguir sin agregar daño. Ahí entran los sistemas fijos de agente limpio.
Qué dicen las normas
La referencia principal es NFPA 909 (Code for the Protection of Cultural Resource Properties: museos, bibliotecas y lugares de culto), que exige una evaluación de riesgo específica para colecciones y contempla los sistemas de agente limpio como opción válida para depósitos y bóvedas. Hay que aclararlo: NFPA 909 no prohíbe el agua. Admite rociadores, en muchos casos de preacción o de agua nebulizada, como protección del edificio. Lo que se busca evitar es el ataque masivo con manguera sobre las colecciones.
El diseño, la instalación y el mantenimiento de los sistemas de gas se rigen por:
- NFPA 2001 (Clean Agent Fire Extinguishing Systems), la norma de referencia en América.
- ISO 14520 y EN 15004, su equivalente internacional y europeo, con partes específicas para cada agente.
- NFPA 72 para la detección y la alarma asociadas.
En Argentina, el marco general es la Ley 19.587 y su Decreto 351/79 (Anexo VII, protección contra incendios), junto con los códigos de edificación municipales. Los extintores portátiles de apoyo se seleccionan y mantienen según IRAM 3517. Para el diseño de sistemas fijos de gas no hay norma IRAM específica, así que en la práctica se toman NFPA 2001 o ISO 14520 como referencia.
Los agentes y sus datos clave
- FK-5-1-12 (fluorocetona, conocida comercialmente como Novec 1230): concentración de diseño para clase A de alrededor de 4,2 a 4,7 %, con un NOAEL del 10 %, lo que deja un margen de seguridad amplio. Tiene bajo potencial de calentamiento global y vida atmosférica de unos 5 días.
- HFC-227ea (FM-200): diseño de alrededor del 7 % para clase A, con un NOAEL del 9 %. Está sometido a reducción progresiva por la Enmienda de Kigali.
- Gases inertes IG-541 (Inergen), IG-55 e IG-100: extinguen bajando el oxígeno del 21 % a alrededor del 12-13 %. La concentración de diseño ronda el 35-45 %. Ocupan mucho espacio de almacenamiento, pero no dejan productos de descomposición.
Parámetros que fija NFPA 2001:
- Factor de seguridad: la concentración de diseño es la mínima de extinción multiplicada por 1,2 para clase A y por 1,3 para clase B.
- Tiempo de descarga: 10 segundos para halocarbonados y 60 segundos para gases inertes (extensible a 120 s en riesgos de clase A y C), hasta alcanzar el 95 % de la concentración.
- Tiempo de retención: se exige un mínimo de 10 minutos de concentración efectiva. Se verifica con el ensayo de estanqueidad del recinto (door fan test), previsto en el Anexo C de NFPA 2001 y en ISO 14520.
- Venteo de sobrepresión: obligatorio. Sin ese venteo, la descarga puede dañar tabiques y cielorrasos.
Detección: el gas sirve si se dispara temprano
El papel apilado genera fuego profundo y latente. Un agente gaseoso apaga muy bien la llama superficial, pero cuesta más contra la brasa en el interior de un legajo compacto. Por eso estos sistemas se apoyan en:
- Detección por aspiración (tipo VESDA), que detecta partículas en etapa incipiente, mucho antes de que aparezca la llama.
- Detección cruzada: hacen falta dos zonas o dos detectores en alarma para disparar, lo que evita descargas falsas.
- Prealarma con retardo, típicamente de 30 segundos, para evacuar el recinto antes de la descarga, más un pulsador de aborto.
Protocolo para la dotación que llega
- Confirmar con el responsable del edificio si hubo descarga y qué agente se usó. El cartel de la puerta tiene que indicarlo.
- No abrir el recinto antes de que terminen los 10 minutos de retención. Abrir antes deja escapar el agente y reaviva la brasa.
- Equipo autónomo (ERA) obligatorio para entrar. Los halocarbonados expuestos a llama generan fluoruro de hidrógeno (HF), y en recintos con gas inerte el oxígeno puede estar por debajo del 13 %.
- Inspección con cámara térmica estante por estante para buscar puntos calientes.
- Si hay que remover, hacerlo en forma localizada: extintor de CO2 o de agente limpio, o agua pulverizada mínima y dirigida al punto exacto. Nunca chorro pleno.
- Ventilar en forma controlada y documentar qué material se tocó, para el equipo de conservación.
- Avisar enseguida al archivista. Si algo se mojó, hay que congelarlo antes de las 48 horas para frenar el moho y después liofilizarlo.
Pre-planificación: la tarea pendiente
La mayoría de los archivos municipales, bibliotecas populares y fondos documentales de nuestro país no tiene sistema fijo. Para el cuartel, eso significa hacer el relevamiento antes del incendio:
- Identificar los depósitos críticos de cada edificio.
- Acordar con la institución un orden de rescate de las piezas.
- Ubicar en el plano dónde está el material irremplazable.
Cuando el sistema existe, conocerlo, con su agente, su tablero y su retardo, es parte del plan de intervención. En un archivo, la mejor intervención es la que apaga el fuego sin destruir lo que se fue a proteger.
Foto: Yves Alarie / Unsplash