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Chapa acanalada y techos livianos industriales: colapso temprano y riesgo para la dotación en el ataque interior

Chapa acanalada y techos livianos industriales: colapso temprano y riesgo para la dotación en el ataque interior

Un techo que no avisa

Galpones, depósitos, talleres, tinglados agrícolas y naves comerciales suelen tener el mismo techo: chapa acanalada galvanizada sobre correas de perfil C conformado en frío y cabriadas reticuladas de acero liviano, a veces de madera. Es barato, rápido de montar y cubre luces de 20 o 30 metros sin columnas intermedias. Para la dotación que entra a atacar el fuego desde adentro, también es una de las estructuras más traicioneras que hay. Tiene poca masa, casi ninguna protección pasiva y una capacidad de carga calculada con el margen justo. Con fuego desarrollado debajo, el tiempo hasta el colapso se mide en minutos, no en horas.

Qué le pasa al acero liviano con el calor

El acero no se quema, pero pierde resistencia y rigidez muy rápido. La norma EN 1993-1-2 (Eurocódigo 3, diseño de estructuras de acero frente al fuego) da factores de reducción concretos para el límite de fluencia del acero al carbono:

  • A 500 °C conserva cerca del 78 % de su resistencia.
  • A 600 °C baja a alrededor del 47 %.
  • A 700 °C queda en torno al 23 %.

Para perfiles delgados conformados en frío, que el Eurocódigo clasifica como sección Clase 4 (la más sensible al pandeo local), la misma norma propone una temperatura crítica de referencia de 350 °C. Las correas y cabriadas de estos techos tienen espesores de 1,6 a 3,2 mm y una relación superficie/masa muy alta, así que en un incendio con gases de 500 a 600 °C acumulados contra el techo (condiciones previas al flashover) llegan a esas temperaturas en pocos minutos.

A eso se suma la dilatación térmica. El acero se estira unos 0,012 mm por metro y por grado. Una viga de 30 m que se calienta 500 °C crece alrededor de 18 cm. Esa elongación empuja muros perimetrales de mampostería, que pueden volcarse hacia afuera, o arranca anclajes antes de que el techo siquiera ceda. Los ensayos de UL (Underwriters Laboratories) sobre sistemas de entrepisos y techos livianos sin protección registraron fallas por debajo de los 10 minutos de exposición directa a la llama.

La chapa como tapa

La chapa acanalada agrega problemas propios:

  • Encierra el calor y el humo. Funciona como una tapa hermética que acelera la estratificación y la carga térmica sobre la estructura.
  • Oculta el incendio. Desde afuera puede no verse fuego en el techo mientras el entretecho y la estructura ya están comprometidos.
  • Complica la ventilación vertical. Cortar chapa ondulada con motosierra o sierra circular es lento. Además, caminar sobre un techo liviano con fuego abajo es inaceptable.
  • Paneles sándwich. Muchos techos industriales usan paneles de chapa con núcleo de poliestireno expandido (EPS) o poliuretano. El núcleo se funde, gotea encendido y propaga el fuego por dentro del panel, sin que se vea. Conviene verificar su clasificación de reacción al fuego según IRAM 11910 o EN 13501-1.
  • El zinc del galvanizado funde a 419 °C. Cuando la chapa se ve opaca o cambia de color, la superficie ya pasó esa temperatura.

Marco normativo

En la clasificación de NFPA 220, estos edificios suelen ser Tipo II (000): incombustibles sin protección, sin resistencia al fuego exigida en los elementos estructurales. En Argentina, la resistencia al fuego de los elementos constructivos se ensaya según IRAM 11950, y el Decreto 351/79 (Anexo VII, reglamentario de la Ley 19.587) fija las condiciones de protección contra incendios según el riesgo y la carga de fuego. En la práctica, muchos galpones rurales e industriales no tienen ninguna protección estructural. En el plano operativo, NFPA 1500 exige gestionar el riesgo para la dotación y contar con equipos de intervención rápida. NFPA 1700 (guía de combate de incendios estructurales) recomienda decidir la táctica según el tipo constructivo y el tiempo de exposición estimado.

Señales de colapso inminente

  • Chapa que se hunde o se ondula en el centro de la luz.
  • Tornillos o ganchos que saltan, crujidos y estallidos metálicos.
  • Agua de los chorros que se evapora al instante al tocar la chapa.
  • Pintura ampollada o chapa decolorada desde afuera.
  • Muros perimetrales con fisuras nuevas o desplome por el empuje de la estructura que se dilata.
  • Humo denso y a presión que sale por cumbreras y juntas de solape.
  • Más de 10 minutos de fuego libre antes del arribo, según el aviso o los vecinos.

Recomendaciones tácticas

  • Recorrido de 360° antes de entrar. Identificar el tipo de techo, la luz libre, la carga de fuego almacenada y la presencia de paneles sándwich.
  • Cámara térmica obligatoria. Medir la temperatura de la cubierta y de la estructura visible desde la puerta. Con lecturas altas en la cabriada, no se entra.
  • Ataque ofensivo-defensivo. Enfriar la estructura desde el umbral con chorro pleno dirigido al techo, aprovechando el alcance, antes de avanzar.
  • Tiempo de permanencia limitado. Si el incendio involucra la estructura del techo, la posición por defecto es defensiva. No se arriesga una dotación por un depósito.
  • Zona de colapso de al menos 1,5 veces la altura del muro, también para las autobombas.
  • Control de personal y equipo de intervención rápida armado desde el primer momento, con relevamientos periódicos de los 20 minutos en adelante.
  • Preplanificación. Relevar los galpones de la jurisdicción con el tipo de techo, la superficie y los accesos, y cargarlos en la ficha del cuartel.

Conclusión

Un techo de chapa sobre perfilería liviana está diseñado para soportar su peso, el viento y poco más. Con fuego debajo, la ventana segura para el ataque interior es corta y se cierra sin aviso. Conocer el comportamiento del acero, leer las señales y tomar la decisión defensiva a tiempo es lo que hace que toda la dotación vuelva al cuartel.

Foto: Dmitriy Frantsev / Unsplash