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El cuartel como refugio climático: preparar la casa del bombero para la próxima ola de calor

El cuartel como refugio climático: preparar la casa del bombero para la próxima ola de calor

Una función que ya cumplimos sin haberla planificado

Durante la ola de calor de diciembre de 2022 y los veranos siguientes, varios cuarteles del AMBA, de Santa Fe y del NOA terminaron haciendo algo que no figuraba en ningún manual: abrir el portón, acomodar sillas en el salón de actos y repartir agua fría a vecinos mayores que no tenían cómo refrigerarse. Lo hicieron por sentido común. El punto es que ese sentido común hoy tiene respaldo normativo y técnico, y conviene formalizarlo antes de la próxima alerta roja. Un cuartel reúne condiciones que pocos edificios de barrio tienen: dotación disponible 24/7, grupo electrógeno, reserva de agua, comunicaciones, sanitarios, superficie cubierta y —lo más difícil de construir— legitimidad social. Eso lo vuelve candidato natural a refugio climático de proximidad.

Primero medir la carga térmica, no estimarla

No se gestiona lo que no se mide. El índice de referencia internacional es el TGBH (temperatura de globo y bulbo húmedo, o WBGT), normalizado por ISO 7243, que combina temperatura de bulbo húmedo natural, temperatura de globo y temperatura seca. En Argentina no es opcional: el Anexo de carga térmica del Decreto 351/79 (Ley 19.587 de Higiene y Seguridad), actualizado por la Resolución SRT 861/2015, fija límites de TGBH según el régimen de trabajo y descanso. Para personal aclimatado y trabajo continuo, los valores de referencia son aproximadamente 30 °C para trabajo liviano, 26,7 °C para trabajo moderado y 25 °C para trabajo pesado; por encima de esos umbrales hay que imponer ciclos de descanso del 25 %, 50 % o 75 % de cada hora. Un medidor de TGBH cuesta hoy menos que un juego de mangotes y ordena todas las decisiones del día.

Acondicionar el edificio: la envolvente antes del aire acondicionado

La norma IRAM 11603 clasifica el país en zonas bioambientales (I muy cálida, II cálida, III templada cálida, IV templada fría, V fría, VI muy fría) y condiciona todo lo demás. Con la transmitancia térmica calculada según IRAM 11601, la IRAM 11605 exige verificar el valor K máximo admisible en condición de verano, que en zonas I y II es notablemente más estricto que en el resto del país. En un cuartel típico de galpón, el techo es la superficie dominante de ganancia: aislarlo con 50 a 100 mm de lana de vidrio o poliuretano y aplicar terminación reflectiva (reflectancia solar superior a 0,65) baja la temperatura interior varios grados sin consumir un watt. Como objetivo de confort, la EN 16798-1 (que reemplazó a la EN 15251) ubica la categoría II de verano entre 23 y 26 °C de temperatura operativa; las redes de refugios climáticos europeas usan como criterio de habilitación no superar 26 a 27 °C, con sombra, agua potable y accesibilidad a menos de diez minutos de caminata.

Capacidad, agua y equipamiento mínimo

Dos cifras distintas que se suelen confundir. La carga de ocupación para evacuación (criterio tipo NFPA 101, del orden de 0,65 m² por persona de pie) no sirve para dimensionar un refugio habitable: para permanencia hay que trabajar con 3,5 m² cubiertos por persona, el estándar del Manual Esfera. Ese mismo manual fija 15 litros por persona y día de consumo total y 2,5 a 3 litros diarios solo de bebida; con calor extremo y actividad liviana, la reposición real llega a 1 litro por hora. Para un refugio de 50 personas abierto seis horas, la cuenta mínima es de unos 225 a 300 litros de agua fría disponible, más hielo y capacidad de heladera. Sumá ventiladores con nebulización, sillas con respaldo, un sector en penumbra, tomacorrientes para cargar celulares y equipos médicos, y bebidas con 20 a 50 mmol/L de sodio para quienes llevan horas transpirando.

No olvidarse de la propia dotación

El refugio no sirve si la dotación se cae. La NFPA 1584 establece que la rehabilitación debe activarse después de consumir dos cilindros de equipo autónomo o 40 minutos de trabajo intenso, con ciclos de 10 a 20 minutos, control de frecuencia cardíaca, temperatura, tensión arterial y saturación, y criterio de no reincorporación si tras 20 minutos persiste frecuencia cardíaca por encima de 100 lpm o temperatura oral mayor a 38 °C. El traje estructural certificado bajo EN 469 o NFPA 1971 protege del fuego justamente porque bloquea el intercambio de vapor: con 35 °C de ambiente, la evaporación deja de enfriar y el núcleo sube igual. La técnica más costo-efectiva es la inmersión de antebrazos y manos en agua a 10-20 °C. Y la regla de oro ante golpe de calor por esfuerzo (temperatura central mayor a 40 °C con alteración del sensorio): enfriar primero, trasladar después, apuntando a bajar de 39 °C en los primeros 30 minutos.

Protocolo de activación y articulación

El disparador no debe ser una decisión del jefe de guardia a ojo, sino el Sistema de Alerta Temprana por Olas de Calor y Salud del Servicio Meteorológico Nacional, con sus niveles verde, amarillo, naranja y rojo (una ola de calor se define por tres días consecutivos superando simultáneamente los umbrales locales de temperatura máxima y mínima). Un protocolo razonable:

  • Nivel amarillo: verificar stock de agua y hielo, probar el grupo electrógeno, difundir el punto de hidratación.
  • Nivel naranja o rojo: apertura del refugio en franja 11 a 20 h, con dos personas asignadas y registro de ingresos.
  • Padrón previo de vecinos electrodependientes, oxígeno-dependientes y mayores que viven solos, acordado con el centro de salud y Defensa Civil municipal.
  • Convenio escrito con el municipio: cobertura de seguro, reposición de insumos y responsabilidad civil definida por anticipado.
  • Límite claro de alcance: el cuartel hidrata, refrigera, observa y deriva. No medica ni internamos a nadie.

Preparar esto cuesta poco y se hace en invierno. En enero ya es tarde.

Foto: Jen Theodore / Unsplash