El cuartel como único prestador de emergencia médica donde no llega el SEM: hasta dónde debe llegar la dotación
Una realidad que el mapa no muestra
En buena parte del interior argentino, la ambulancia más cercana está a 40, 60 o más de 100 kilómetros. En rutas nacionales, parajes rurales y pueblos de menos de 5.000 habitantes, el que llega primero a un choque, a un paro cardíaco o a una caída de altura no es el SEM: es el cuartel. Muchas veces, además, es el único que llega. Esa realidad obliga a cada asociación a responder con honestidad una pregunta incómoda: ¿hasta dónde tiene que llegar la dotación en la atención médica, y dónde tiene que frenar?
No hay una respuesta única, pero sí hay normas, marcos legales y criterios técnicos que permiten trazar una línea clara y defendible.
El marco normativo: qué dicen las normas de referencia
La NFPA 450 (Guía para sistemas de emergencias médicas y servicios de ambulancia) plantea que todo sistema prehospitalario debe tener niveles de atención definidos, dirección médica y protocolos escritos. No importa si el prestador es un municipio, un hospital o un cuartel: si da atención, tiene que estar dentro de un sistema.
La NFPA 1720, pensada justamente para departamentos de bomberos voluntarios, fija objetivos de tiempo de respuesta según densidad poblacional: en zonas rurales (menos de 193 habitantes por km²) apunta a reunir 6 bomberos en 14 minutos en el 80% de los casos. Ese número es clave: si el cuartel llega en 14 minutos y la ambulancia en 50, la atención de esos 36 minutos de diferencia recae enteramente en la dotación.
La NFPA 1990 (que desde 2022 consolida la antigua NFPA 1999) establece los requisitos de ropa protectora para operaciones médicas de emergencia: guantes de nitrilo, protección ocular y barrera frente a fluidos. Para el equipamiento, la EN 1789 define los tipos de ambulancia (A1, A2, B y C) y su dotación mínima, y la EN 1865 regula camillas y elementos de manejo de pacientes. En Argentina no existe una norma IRAM específica para atención prehospitalaria por bomberos, por lo que estas referencias internacionales son el estándar técnico de hecho.
En el plano local pesan tres leyes: la Ley 25.054 de Bomberos Voluntarios, que incluye entre sus funciones el rescate y el auxilio; la Ley 26.835 de capacitación en RCP básica; y la Ley 27.159 de prevención de muerte súbita, que promueve el acceso público a desfibriladores (DEA). Del otro lado está la Ley 17.132 de ejercicio de la medicina, que reserva el diagnóstico, la indicación de medicamentos y los procedimientos invasivos a profesionales habilitados.
Lo que la dotación sí debe hacer (y hacer bien)
El nivel adecuado para un cuartel sin dirección médica formal es el de primer respondiente avanzado. Eso significa dominar, sin margen de duda:
- Control de hemorragias exsanguinantes: compresión directa, empaquetamiento de heridas y torniquete comercial (tipo CAT o SOF-T). La secuencia actual de trauma es XABCDE: la X va primero porque un sangrado arterial mata en 3 a 5 minutos.
- RCP de alta calidad: 100 a 120 compresiones por minuto, 5 a 6 cm de profundidad, reexpansión completa y mínimas interrupciones, según las guías AHA/ILCOR vigentes.
- Uso de DEA: cada minuto sin desfibrilación reduce entre 7% y 10% la probabilidad de sobrevida en una fibrilación ventricular. Un cuartel rural sin DEA es una falla de equipamiento, no un detalle.
- Manejo básico de vía aérea: maniobras manuales, cánulas orofaríngeas, aspiración y ventilación con bolsa-válvula-máscara con reservorio.
- Oxigenoterapia: con objetivo de saturación de 94% a 98%, evitando la hiperoxia en pacientes que no la necesitan.
- Restricción de movimiento espinal: collar cervical, tabla larga o camilla de cuchara, y extricación vehicular coordinada.
- Control de hipotermia: manta térmica y aislamiento del suelo, especialmente en trauma.
Dónde está el límite
La dotación no debe administrar medicación (salvo oxígeno y, con protocolo escrito y aval médico, algunos fármacos de autoadministración asistida como el autoinyector de adrenalina del propio paciente), ni colocar vías endovenosas, ni intubar, ni tomar decisiones de no reanimar o certificar fallecimientos más allá de los signos evidentes de muerte. Hacerlo sin habilitación expone al bombero y a la asociación a responsabilidad penal y civil, y además suele empeorar el resultado clínico cuando no hay entrenamiento ni práctica sostenida.
El otro límite es el traslado. Si el cuartel tiene unidad de traslado, tiene que cumplir con la habilitación sanitaria provincial correspondiente. Trasladar en una autobomba o en una camioneta sin habilitación es un riesgo que hay que evaluar caso por caso: muchas veces la alternativa de esperar es peor, pero esa decisión tiene que estar escrita en un protocolo, no improvisada en la banquina.
Lo que no puede faltar en el cuartel
- Convenio escrito con el hospital o SEM de referencia, con un médico que actúe como director o asesor y avale los protocolos.
- Protocolos escritos para paro cardiorrespiratorio, trauma grave, víctimas múltiples (triage START) y traslado.
- Comunicación directa con la guardia receptora durante la atención para recibir indicaciones y anticipar el ingreso.
- Registro de cada intervención: hora, hallazgos, maniobras, signos vitales y entrega del paciente. Es la mejor defensa legal y la base para mejorar.
- Capacitación con recertificación periódica: un curso de 40 horas cada cinco años no alcanza. La RCP se degrada en meses sin práctica.
Conclusión
Donde no llega el SEM, el cuartel no puede elegir no estar. Pero sí puede elegir cómo estar: con un nivel de atención definido, protocolos firmados por un médico, equipamiento acorde y entrenamiento sostenido. La dotación tiene que llegar hasta donde su capacitación, su equipo y el marco legal la respaldan, y hacer eso con excelencia. Un torniquete bien puesto y una RCP de calidad salvan más vidas que cualquier maniobra avanzada mal ejecutada.
Foto: Eriel Ezequiel Reyes Saviñon / Unsplash