Extintores clase D para incendios de metales: litio, magnesio y aluminio en talleres industriales
Por qué los metales combustibles son otro mundo
Cuando nos convocan a un taller metalúrgico, una planta de mecanizado o un depósito de baterías, el incendio que podemos encontrar no se parece a los que atendemos habitualmente. Los metales combustibles como el magnesio, el aluminio en polvo o viruta, el titanio, el sodio, el potasio y el litio metálico forman los fuegos clase D. Esta clase está definida en la norma europea EN 2 y en la NFPA 10 (Standard for Portable Fire Extinguishers), y en nuestro país la contemplan la IRAM 3517 (selección, uso y mantenimiento de extintores) y el Decreto 351/79, Anexo VII, reglamentario de la Ley 19.587 de Higiene y Seguridad en el Trabajo.
Lo que los hace tan peligrosos es la temperatura y la química. El magnesio en combustión supera los 3.000 °C, con una luz blanca enceguecedora. A esas temperaturas el metal le arranca el oxígeno al agua y al dióxido de carbono, así que los agentes que usamos a diario no apagan el fuego: lo alimentan.
Qué pasa si usamos el agente equivocado
- Agua: sobre magnesio, aluminio o litio fundidos se descompone y libera hidrógeno (Mg + 2H₂O → Mg(OH)₂ + H₂). El resultado puede ser una explosión de vapor e hidrógeno, con proyección de metal fundido.
- CO₂: el magnesio sigue quemando dentro de una atmósfera de dióxido de carbono (2Mg + CO₂ → 2MgO + C). Además, la descarga a alta velocidad desparrama las virutas encendidas.
- Polvo ABC (fosfato monoamónico): no forma una costra estable sobre el metal y puede reaccionar con él. Tampoco sirve para clase D.
- Espuma: tiene base de agua, así que vale lo mismo que para el agua.
Agentes extintores clase D
Los extintores clase D usan polvos especiales que trabajan por sofocación y absorción de calor. Forman una costra que aísla el metal del aire. Ningún agente sirve para todos los metales, y la NFPA 10 exige que cada extintor esté listado para el metal específico que protege. Por eso los clase D no llevan una clasificación numérica como los A o B.
- Cloruro de sodio con aditivos (tipo Met-L-X): es el más difundido. Funde con el calor y forma una costra sobre magnesio, sodio, potasio, aleaciones Na-K y aluminio. Hay que aplicarlo en capa gruesa.
- Polvo de cobre: lo desarrolló la Marina de EE.UU. para fuegos de litio metálico y de aleaciones de litio. El cobre forma una aleación superficial con el metal que disipa el calor y adhiere a superficies verticales.
- Grafito (tipo G-1 o agentes grafíticos para litio): el grafito conduce el calor y lo saca del metal. Se usa sobre litio, magnesio y virutas de mecanizado.
- TEC (ternary eutectic chloride): es una mezcla de cloruros de potasio, sodio y bario, eficaz sobre uranio, plutonio, magnesio y sodio. Es menos común en nuestro medio.
Los extintores clase D tienen una diferencia operativa clave: descargan a baja presión con una lanza aplicadora (wand) en lugar de una boquilla de chorro. La idea es depositar el polvo suavemente sobre el metal, sin soplarlo. Las capacidades más habituales son de 9 a 13,6 kg (20 a 30 lb). También se comercializa agente a granel en baldes, para aplicarlo con pala.
El litio: separar batería de metal
Hay que aclarar un punto que genera mucha confusión. Una batería de ion-litio (celulares, herramientas, monopatines, vehículos eléctricos) tiene muy poco litio en estado metálico. Su incendio es sobre todo un embalamiento térmico de electrolito orgánico inflamable, y la NFPA 855 y las guías de los fabricantes recomiendan grandes caudales de agua para enfriar las celdas. Las baterías primarias de litio metálico (no recargables) y el litio en lingote o en polvo de laboratorios e industrias sí son clase D y requieren polvo de cobre o grafito.
Talleres industriales: dónde está el riesgo
La NFPA 484 (Standard for Combustible Metals) regula la manipulación de estos materiales. En talleres, el peligro no está en la pieza maciza, que cuesta encender, sino en:
- Virutas, limaduras y polvo de mecanizado de magnesio y aluminio, sobre todo si están impregnadas con aceite de corte.
- Colectores de polvo y ciclones, donde el aluminio o el magnesio en suspensión puede provocar una explosión de polvo.
- Fundiciones y piletas de colada que tienen humedad cerca.
- Áreas de amolado y pulido de llantas, carcasas y piezas aeronáuticas o automotrices.
Según la NFPA 10, cuando hay riesgo de metales combustibles debe haber un extintor clase D a una distancia de recorrido máxima de 23 metros (75 pies) desde cualquier punto del área de riesgo. Vale la pena relevarlo en las inspecciones preventivas que hacemos en las industrias de nuestra jurisdicción.
Procedimiento operativo en la intervención
- Identificar el metal antes de actuar: preguntarle al responsable del establecimiento y revisar las fichas de seguridad (SDS).
- Retirar o cerrar toda fuente de agua cercana, incluidos rociadores manuales y líneas armadas.
- Usar EPP completo con protección ocular: la luz del magnesio puede dañar la retina.
- Aplicar el polvo desde arriba, suave y en capa gruesa hasta cubrir el metal por completo. Empezar por el perímetro y avanzar hacia el centro.
- No remover la costra ni mover el material hasta que se enfríe por completo: puede volver a encenderse horas después.
- Si no hay agente clase D, la arena seca, la vermiculita o el cloruro de sodio seco pueden servir como último recurso para pequeñas cantidades. Tienen que estar totalmente secos, y la sílice de la arena puede reaccionar con el magnesio a muy alta temperatura.
- Ante grandes cantidades de metal comprometido, la táctica más segura suele ser dejar que se consuma y proteger las exposiciones.
Conclusión
Los fuegos clase D son poco frecuentes, pero no perdonan errores: si usamos agua o CO₂ por reflejo, un incidente menor puede terminar en una explosión con heridos. Conviene incluir los metales combustibles en la capacitación periódica del cuartel, tener identificados los establecimientos de la zona que trabajan con magnesio, aluminio o litio y verificar que cuenten con el extintor clase D correcto.
Foto: Tak Kei Wong / Unsplash