Incendios en depósitos de algodón, fibras textiles y lana sucia: combustión lenta y recalentamiento espontáneo
Un fuego que se esconde
Los depósitos de algodón en fardos, las desmotadoras del Chaco y Santiago del Estero, las barracas de lana de la Patagonia y los galpones de fibras textiles tienen algo en común: el fuego casi nunca se ve como en una estructura común. Lo habitual es una combustión lenta sin llama que avanza por dentro del fardo durante horas o días y aparece afuera cuando ya comprometió buena parte de la estiba. Si la dotación ataca como en un incendio de contenido común, lo más probable es que el fuego se reavive horas después de haberse retirado.
Por qué arden así
El algodón es celulosa casi pura, con un índice de oxígeno límite (LOI) cercano al 18 %: arde sin problema en el aire normal. Su temperatura de autoignición ronda los 400 °C, pero lo que lo vuelve traicionero es su estructura. Un fardo prensado tiene una densidad de entre 350 y 450 kg/m³ y deja aire suficiente adentro para sostener una brasa, pero muy poco para que aparezca la llama. El resultado es un frente incandescente que avanza despacio, aislado por la misma fibra que lo rodea.
La lana se comporta distinto. Su LOI ronda el 25 % y necesita más temperatura para encenderse (más de 570 °C), así que cuesta mucho más que propague llama. Pero la lana sucia, tal como sale de la esquila, trae grasa (lanolina), suarda, restos vegetales y humedad. Esa mezcla es el caldo ideal para el recalentamiento.
Recalentamiento espontáneo: cómo empieza
El calentamiento espontáneo se da en tres etapas que conviene conocer:
- Biológica (hasta unos 70 °C): hongos y bacterias consumen la materia orgánica húmeda y generan calor. Pasa en fardos guardados con más del 12-15 % de humedad, en lana sucia mojada y en fibra que se embaló mojada por lluvia.
- Química (de 70 a 150 °C y más): los microorganismos mueren y empieza la oxidación de grasas y aceites. Es la etapa crítica en fibras contaminadas con aceites vegetales o lubricantes, y en desperdicios textiles con restos de aceite de máquina.
- Ignición: si el calor no se disipa porque la estiba es grande y compacta, la temperatura interna sigue subiendo hasta que arranca la combustión lenta.
NFPA 921 (Guía para investigación de incendios y explosiones) describe estos mecanismos y aclara que la autoignición necesita tres cosas: un material que se oxide, aislación térmica y tiempo. En una barraca con fardos apilados a seis metros de altura, sobra de las tres.
Señales de alerta en el lugar
- Olor a quemado o a caramelo tostado (celulosa) o a cuerno quemado (lana) sin humo a la vista.
- Vapor o humo tenue saliendo de las juntas entre fardos o por los zunchos.
- Fardos decolorados, chamuscados o con la superficie caliente al tacto.
- Lecturas de monóxido de carbono altas en un ambiente cerrado aunque no haya llama.
- Con cámara térmica: puntos calientes de más de 60 °C en la cara de la estiba. Ojo, que la cámara ve superficie, no profundidad: un fardo a 40 °C por fuera puede tener 300 °C en el centro.
Táctica: lo que funciona y lo que no
El agua sola no penetra. El algodón prensado repele el chorro: la superficie se moja, el fuego sigue adentro y la dotación cree que está controlado. La regla es esta:
- Agentes humectantes: bajan la tensión superficial del agua y le permiten entrar en la fibra. NFPA 18 (Standard on Wetting Agents) regula su uso. Una espuma clase A al 0,1-0,5 % también sirve como humectante.
- Lanzas perforadoras o de penetración: se clavan en el fardo y descargan el agua en el foco. Son la herramienta clave para apagar adentro.
- Desarme y remoción: todo fardo comprometido se saca del depósito con autoelevador o pala cargadora, se lleva a una zona abierta y segura, se abre y se apaga del todo. Un fardo que se deja adentro vuelve a encenderse.
- No ventilar a lo loco: si se abren portones de golpe, entra oxígeno a una estiba con combustión lenta y puede saltar la llama generalizada. La ventilación tiene que estar coordinada con las líneas ya armadas.
El peligro estructural del agua
El algodón absorbe muchísima agua. Un fardo estándar de unos 220 kg puede duplicar su peso al saturarse, y además se hincha. Las consecuencias son concretas:
- Colapso de estibas: los fardos mojados pierden forma y las pilas se caen sin aviso.
- Empuje lateral sobre muros: el algodón hinchado puede volcar paredes de mampostería.
- Sobrecarga de entrepisos en depósitos de varias plantas.
Hay que controlar el caudal que se aplica, establecer una zona de colapso igual a 1,5 veces la altura de la estiba y no meter personal entre pilas mojadas.
Protección personal y riesgos asociados
La combustión lenta de la celulosa produce mucho CO y, en fibras sintéticas mezcladas, también cianuro de hidrógeno. El equipo de respiración autónomo es obligatorio durante toda la remoción, incluso cuando no se ve humo. El equipo estructural tiene que cumplir NFPA 1971 o EN 469, y el procedimiento de rehabilitación del personal sigue NFPA 1584. En plantas que procesan fibra, la pelusa y el polvo en suspensión son combustibles: NFPA 652 y NFPA 654 tratan el riesgo de deflagración por polvo, así que nada de chorros directos que levanten nubes de fibra en espacios cerrados.
Prevención y normativa
- NFPA 13 tiene criterios específicos para proteger con rociadores el almacenamiento de algodón en fardos.
- NFPA 1 (Código de Incendios) fija distancias, alturas máximas de estiba y pasillos de acceso.
- En Argentina, la Ley 19.587 y el Decreto 351/79 (capítulo 18 y anexo VII) establecen carga de fuego, resistencia al fuego y medios de extinción. Los matafuegos tienen que estar certificados según normas IRAM (serie 3500) y mantenidos según IRAM 3517.
- Control de humedad al ingreso (menos del 10-12 %) y monitoreo con sondas de temperatura en estibas grandes: alarma a 50 °C y revisión inmediata a 60 °C.
- Separar lana sucia y desperdicios aceitosos del resto del depósito.
Para llevarse
En un depósito de fibras, que no se vea llama no quiere decir que el fuego esté apagado. Se termina recién cuando el último fardo comprometido se abrió, se apagó y se sacó. Hay que planificar operaciones largas, relevar personal, pedir maquinaria temprano y dejar una guardia de cenizas con cámara térmica durante las 24 a 48 horas siguientes.
Foto: Zemos / Unsplash