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Incendios en talleres de chapa y pintura: solventes, cabinas y riesgo de explosión

Incendios en talleres de chapa y pintura: solventes, cabinas y riesgo de explosión

Por qué un taller de chapa y pintura no es un incendio estructural más

En casi cualquier localidad del país hay talleres de chapa y pintura metidos en zonas residenciales, muchas veces en galpones adaptados, con ventilación precaria y depósitos improvisados. Para el bombero voluntario es un escenario engañoso: desde la calle parece un taller mecánico común, pero adentro puede haber decenas de litros de thinner, latas de base y barniz, cilindros de oxiacetileno, una cabina de pintura con quemador a gas y vehículos con el tanque cargado. Es decir, combustible líquido de muy bajo punto de inflamación, fuentes de ignición permanentes y espacios donde los vapores se acumulan. Esa combinación hace que el riesgo principal no sea solo el fuego, sino la deflagración.

Los solventes: datos que conviene saber de memoria

La mayoría de los productos de repintado automotor usan mezclas de solventes orgánicos. Algunos valores de referencia:

  • Acetona: punto de inflamación -20 °C, límite inferior de inflamabilidad (LII) 2,5 % en volumen.
  • Metiletilcetona (MEK): punto de inflamación -9 °C, LII 1,4 %.
  • Tolueno: punto de inflamación 4 °C, LII 1,1 %, temperatura de autoignición cercana a 480 °C.
  • Xileno: punto de inflamación alrededor de 27 °C, LII 1 %.
  • Thinner comercial: al ser una mezcla, suele tener punto de inflamación por debajo de 21 °C; para la NFPA 30 entra en la categoría de líquido inflamable Clase IB.

Traducido a la práctica: a temperatura ambiente, cualquier recipiente abierto de thinner ya está generando una mezcla inflamable en su entorno. Los vapores son más pesados que el aire (densidad relativa de 2 a 3,7), así que se acumulan en fosas de inspección, desagües, sótanos y zonas bajas, y pueden viajar varios metros hasta encontrar una chispa. Una fosa de taller con vapores es, literalmente, una trampa.

La cabina de pintura: el corazón del riesgo

La cabina es un recinto diseñado para contener la niebla de pintura (overspray) y extraerla. En condiciones normales, la ventilación mantiene la concentración de vapores muy por debajo del LII. La NFPA 33 (Standard for Spray Application Using Flammable or Combustible Materials) exige que la ventilación mantenga la atmósfera por debajo del 25 % del LII y que la pistola no pueda operar si el extractor no funciona (enclavamiento). En Europa, la EN 16985 (que reemplazó a la EN 12215) fija requisitos de seguridad equivalentes para cabinas de pintura, y la clasificación de zonas con atmósfera explosiva se hace según la IEC/EN 60079-10-1: el interior de la cabina durante el pintado suele ser Zona 1, y los conductos de extracción también.

Los problemas aparecen cuando:

  • Los filtros están saturados de residuos de pintura. Esos depósitos son combustibles, y ciertos productos (barnices de secado oxidativo, residuos catalizados) pueden autocalentarse.
  • El extractor falla o está apagado y se sigue pintando: la concentración sube rápido en un volumen chico.
  • La cabina pasa a modo horno (secado entre 60 y 80 °C) con solvente todavía evaporándose y un quemador a gas o resistencias en funcionamiento.
  • Hay equipos eléctricos no aptos para atmósferas explosivas: lámparas comunes, alargues, amoladoras.

En talleres chicos es habitual encontrar cabinas caseras sin enclavamiento, sin rociadores en el plenum y con conductos llenos de overspray acumulado. Un incendio en el conducto puede propagarse al techo del galpón sin que se vea desde adentro.

Otras fuentes de peligro en el taller

  • Cilindros de acetileno y oxígeno: el acetileno expuesto al calor puede descomponerse dentro del cilindro incluso después de enfriado por fuera. Requieren enfriamiento prolongado con agua desde posición protegida y zona de exclusión amplia.
  • Electricidad estática: el trasvase de solventes sin puesta a tierra ni equipotencialidad es una causa clásica de ignición.
  • Trapos y estopas impregnados: deben ir en recipientes metálicos con tapa; amontonados pueden autoinflamarse.
  • Vehículos en reparación: tanques de combustible, GNC y, cada vez más, baterías de litio de híbridos y eléctricos.

Productos de combustión: no subestimar la toxicidad

Las pinturas poliuretánicas de dos componentes contienen isocianatos. En un incendio, su descomposición térmica libera isocianatos, cianuro de hidrógeno (HCN), monóxido de carbono y óxidos de nitrógeno. El uso de equipo de respiración autónomo es obligatorio desde el ingreso hasta el final de la remoción de escombros, y conviene controlar la descontaminación de los equipos después de la intervención.

Pautas operativas para la dotación

  • Información al llegar: preguntar al responsable qué se estaba haciendo, si la cabina estaba en modo pintado u horno, cuántos litros de solvente hay y dónde están los cilindros.
  • Cortar energía y gas desde el tablero general y la llave de paso, nunca accionando interruptores dentro de la zona con vapores.
  • Medir con explosímetro antes de ingresar en recintos cerrados, fosas o cabinas que no estén ardiendo. Si la lectura supera el 10 % del LII, no ingresar y ventilar en forma natural o con ventiladores aptos.
  • Agente extintor adecuado: para hidrocarburos (tolueno, xileno) sirve espuma AFFF; para solventes polares (acetona, MEK, alcoholes) hace falta espuma resistente al alcohol (AR-AFFF), porque la espuma común se destruye. Los extintores de polvo químico ABC o BC, según IRAM 3523, son útiles para focos iniciales.
  • Contener el escurrimiento: el agua de extinción arrastra solvente encendido hacia desagües y fosas; hay que preverlo.
  • Vigilar el conducto y el techo con cámara térmica después de la extinción aparente.

Prevención: el trabajo que se hace antes

En Argentina, la Ley 19.587 y su Decreto 351/79 (Capítulo 18 y Anexo VII) establecen la carga de fuego, las condiciones de almacenamiento de inflamables y la dotación de extintores. Las inspecciones preventivas que hacen muchos cuarteles son la mejor oportunidad para revisar el depósito de solventes (idealmente en un armario de seguridad según NFPA 30), el estado de filtros y conductos, la puesta a tierra y el enclavamiento de la cabina. Un taller ordenado no elimina el riesgo, pero convierte una posible explosión en un incendio controlable.

Foto: Matt C / Unsplash