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Molinos harineros tradicionales en pueblos chicos: maquinaria antigua, polvo de harina y riesgo eléctrico sin actualizar

Molinos harineros tradicionales en pueblos chicos: maquinaria antigua, polvo de harina y riesgo eléctrico sin actualizar

Un riesgo que conocemos de vista

En muchos pueblos del interior sigue funcionando un molino harinero de varias décadas, a veces de más de un siglo. Suele ser un edificio de ladrillo de tres o cuatro plantas, con pisos de madera, transmisiones por correa, elevadores de cangilones, sasores y plansichters. Muchas veces tiene una instalación eléctrica que se fue remendando con los años. Para el cuartel del pueblo es parte del paisaje, y por eso mismo es fácil subestimarlo. Un molino combina tres cosas que juntas son peligrosas: polvo combustible fino en suspensión, fuentes de ignición mecánicas y eléctricas y espacios cerrados de varios niveles donde una explosión se propaga.

El polvo de harina: datos que hay que tener presentes

La harina de trigo es un polvo combustible clase St1. Los valores de referencia que aparecen en la bibliografía técnica y en las tablas de la serie NFPA 652/654 son estos:

  • Concentración mínima explosiva (MEC): alrededor de 50 a 60 g/m³. En la práctica, una nube así no deja ver una linterna a dos metros.
  • Energía mínima de ignición (MIE): del orden de 50 a 100 mJ. Alcanzan una chispa de contacto flojo, un arco de interruptor o una descarga electrostática de una correa.
  • Temperatura de ignición en nube: unos 380 a 450 °C. En capa enciende bastante más abajo, en el rango de 250 a 350 °C según el espesor. Un rodamiento recalentado o una lámpara incandescente sin protección llegan a esas temperaturas.
  • Presión máxima de explosión (Pmax): 7 a 8 bar en recinto cerrado. Ninguna pared de mampostería común aguanta eso.
  • Kst: entre 80 y 150 bar·m/s, según la granulometría y la humedad.

NFPA 652 y NFPA 654 toman como señal de alerta una capa de apenas 0,8 mm (1/32 de pulgada) sobre más del 5 % de la superficie de un local. Si el piso de un molino viejo deja ver las pisadas, ya se pasó ese umbral.

Explosión primaria y secundaria

La mayoría de las tragedias en molinos no las causa la primera explosión. Casi siempre arranca dentro de un equipo: un elevador de cangilones, un ciclón o un filtro de mangas. La onda de presión levanta el polvo depositado en vigas, cabriadas, cañerías y pisos. Esa nube se enciende con el frente de llama de la primera y produce una explosión secundaria mucho más grande, que recorre todo el edificio. NFPA 61, la norma específica para instalaciones agrícolas y de procesamiento de alimentos, pide limpieza sistemática, venteo y aislamiento entre equipos justamente para cortar esa cadena.

La instalación eléctrica: el punto más débil

En los molinos tradicionales es común encontrarse con:

  • Cableado con aislación textil o de goma vulcanizada, reseca y quebradiza, a veces tendido sobre aisladores de porcelana.
  • Fusibles tapón o a rosca recalibrados con alambre, sin interruptor diferencial y con protecciones termomagnéticas mal dimensionadas.
  • Motores abiertos, con ventilación externa, que juntan harina en el bobinado y se recalientan.
  • Tableros de madera, luminarias sin protección mecánica y tomas comunes en zonas con polvo.
  • Puesta a tierra inexistente o deteriorada, y correas planas que generan carga electrostática sin ningún medio para disiparla.

En Argentina, la referencia para instalaciones en inmuebles es la Reglamentación AEA 90364, y para puesta a tierra la IRAM 2281. Para atmósferas con polvo combustible, el criterio internacional es clasificar zonas según IEC/EN 60079-10-2: Zona 20 dentro de silos y equipos, Zona 21 cerca de bocas de carga y descarga, y Zona 22 en áreas donde el polvo aparece solo de forma ocasional. En esas zonas el material eléctrico tiene que cumplir la serie IEC/EN 60079, con protección por envolvente Ex t y grado mínimo IP6X. En el sistema norteamericano, el equivalente es NFPA 70 (NEC), Artículos 500 y 502, Clase II, Grupo G. La EN 1127-1 completa el cuadro con los principios generales de prevención de explosiones. Un molino de pueblo casi nunca cumple nada de esto, y el bombero tiene que darlo por hecho.

Fuentes de ignición mecánicas

No todo es eléctrico. Hay que mirar también:

  • Rodamientos y cojinetes de bronce sin lubricar, que superan los 200 °C con facilidad.
  • Correas que patinan en los elevadores de cangilones y calientan la polea por fricción.
  • Piedras, bulones o piezas metálicas que entran a los molinos de rodillos cuando no hay separador magnético.
  • Trabajos de soldadura u oxicorte hechos sin permiso de trabajo en caliente ni limpieza previa.

Criterios operativos para el cuartel

  • Corte de energía primero: cortar desde el tablero general o desde la acometida, nunca operando tableros secundarios dentro de la zona con polvo.
  • No levantar polvo: está prohibido usar chorro pleno sobre acumulaciones de harina, porque se forma la nube que provoca la explosión secundaria. Hay que trabajar con niebla o pulverización a baja presión y humedecer antes de mover cualquier cosa.
  • No abrir equipos ni silos en caliente: abrir la tapa de un silo o un elevador con brasas adentro mete oxígeno y puede provocar una deflagración. Si hay combustión latente, conviene enfriar por fuera y evaluar la inertización.
  • Extintores: polvo ABC con boquilla de baja velocidad o agua pulverizada. Seleccionarlos y mantenerlos según IRAM 3517. El CO₂ a alta velocidad también puede levantar polvo.
  • Ingreso a silos: se trata como espacio confinado, con detector multigas (O₂, CO, LEL), arnés y vigía. Además del riesgo de explosión hay riesgo de sepultamiento en el grano.
  • Linternas y radios certificadas para atmósferas explosivas (ATEX/IECEx o Clase II) cuando se entra a zonas con polvo.

Prevención: el trabajo antes del incendio

El cuartel puede hacer mucho antes de que pase algo: visitar el molino, levantar un croquis de plantas, accesos, tableros y silos, e identificar dónde está el corte general. Con el dueño se puede acordar un plan mínimo, que sale caro solo si se lo posterga:

  • Limpieza frecuente con aspiración, nunca con aire comprimido ni escoba en seco.
  • Recambio por etapas del cableado y de los motores en las zonas más críticas.
  • Puesta a tierra de máquinas y correas.
  • Interruptores diferenciales.
  • Paneles de venteo según EN 14491 o NFPA 68 en los equipos que más polvo concentran.

Ese molino seguramente es una fuente de trabajo y de identidad para el pueblo. Cuidarlo también es parte de nuestra tarea.

Foto: Chris J Walker / Unsplash