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Rescate con animales grandes: técnicas básicas para bomberos voluntarios

Rescate con animales grandes: técnicas básicas para bomberos voluntarios

Un rescate técnico, no una cuestión de fuerza

Un caballo criollo adulto pesa entre 400 y 550 kg; una vaca Holando lechera, entre 550 y 700 kg; un toro puede superar los 900 kg. Frente a esas masas, cualquier intento de resolver la emergencia "a lo bruto" —tirando con una soga atada al cuello, enganchando al animal a la barra de tiro de la autobomba o subiéndolo entre ocho personas— termina con el animal muerto y con bomberos lesionados. Una patada de miembro posterior de equino desarrolla picos cercanos a los 10.000 N (alrededor de una tonelada fuerza) en menos de 100 ms: ningún EPP de dotación estructural detiene eso. El rescate de grandes animales se planifica, se aparejea y se ejecuta como cualquier otra maniobra de rescate técnico.

Marco normativo de referencia

No existe todavía una norma IRAM específica de rescate animal, así que el cuartel debe construir su procedimiento sobre tres patas:

  • NFPA 1670 (Operations and Training for Technical Search and Rescue Incidents) incorporó el capítulo de Animal Technical Rescue en su edición 2017, con los tres niveles clásicos: conciencia, operaciones y técnico. Desde la consolidación de la serie 1000, los requisitos de calificación individual quedaron dentro de NFPA 1006.
  • NFPA 150, sobre seguridad humana y contra incendios en instalaciones con animales, aplica a haras, tambos, feedlots y hipódromos de la zona: conviene relevarlos antes de que pase algo.
  • En el orden local, la Ley 19.587 de Higiene y Seguridad y su Decreto 351/79, la Resolución SRT 299/2011 sobre entrega y registro de EPP, la IRAM-ISO 45001:2018 para el sistema de gestión y la Ley 14.346 de maltrato animal, que encuadra legalmente el trato que le damos al animal durante la maniobra.

El programa internacional de referencia en capacitación es TLAER (Technical Large Animal Emergency Rescue), del que salen casi todas las configuraciones de eslingas que se usan hoy.

Comportamiento animal: zona de fuga y puntos ciegos

El equino y el bovino son animales de presa: ante el estrés huyen, y si no pueden huir, patean o embisten. Dos conceptos operativos:

  • Zona de fuga: el radio en el que el animal empieza a moverse si nos acercamos. En bovinos de campo va de 1,5 a 8 m; en animales mansos puede ser cero. Se trabaja en el borde de esa zona, no adentro.
  • Punto de balance: la línea de la cruz (paleta). Si nos ubicamos por detrás de esa línea, el animal avanza; por delante, retrocede.

Los puntos ciegos están justo delante de la nariz y justo detrás de la grupa. Se aproxima siempre por el hombro, en diagonal, hablando en voz baja y con contacto continuo de la mano. Cortar sirenas, balizas, motosierras y radios a todo volumen: el ruido multiplica el estrés y el estrés multiplica el riesgo.

Evaluación en escena y control de la zona

  • Perímetro de al menos 30 m, con el mínimo personal indispensable dentro (idealmente 4 a 6 personas).
  • Veterinario en escena desde el primer momento. La sedación (xilacina, detomidina, butorfanol) es acto veterinario exclusivo: el bombero no seda, no dosifica y no sugiere dosis.
  • Vendar los ojos con un paño limpio reduce notablemente la reactividad; tapones o algodón en oídos ayudan.
  • Reloj de decúbito: un equino en decúbito lateral prolongado desarrolla miopatía y neuropatía por compresión. Pasadas las 4 a 6 horas el pronóstico cae bruscamente. Rotar al esternal cada 2 a 3 horas si el veterinario lo autoriza.
  • En barro o agua fría, vigilar hipotermia; en verano, hipertermia y deshidratación.

Las tres maniobras básicas

1. Arrastre horizontal (forward assist / backward drag). Sobre un plano deslizante —una rescue glide o, en su defecto, una chapa lisa o lona reforzada— se pasan dos eslingas planas de al menos 15 cm de ancho: una por delante del pecho y otra por detrás de los cuartos traseros, nunca sobre el abdomen. La tracción se hace en el eje longitudinal, en distancias cortas (5 a 15 m) y a velocidad de paso humano.

2. Extracción en barro. El error clásico es tirar de una pata. El efecto de vacío puede exigir 2 a 3 veces el peso del animal —2.500 a 5.000 kgf para un caballo de 500 kg— y arrancarle el miembro antes de sacarlo. La técnica correcta es la lanza de barro: inyectar agua a baja presión (2 a 5 bar) a lo largo del cuerpo para romper la succión, y recién después traccionar con eslingas.

3. Izaje vertical. Es la maniobra de mayor riesgo y solo se usa con arnés diseñado para el fin (tipo Anderson, UC Davis Large Animal Lift o equivalente), nunca improvisando con mangas o cinchas de carga. Punto de izaje sobre el centro de masa, tiempo suspendido lo más breve posible, y grúa, trípode o telehandler con gancho certificado.

Equipamiento y cargas de trabajo

  • Eslingas redondas y planas bajo EN 1492-1/1492-2, con coeficiente de utilización 7:1 y etiqueta legible de carga máxima.
  • Cuerda semiestática EN 1891 tipo A, 11 a 12,5 mm, resistencia mínima 22 kN; descensores y bloqueadores bajo EN 12841.
  • Anclajes conforme EN 795 (ensayo estático de 12 kN) y aparejos manuales bajo EN 13157.
  • Sistemas de ventaja mecánica 3:1 o 4:1 con poleas de alto rendimiento, dimensionados con factor de seguridad no menor a 5:1 sobre la carga real estimada.
  • EPP del operador: casco con barbijo, guantes, protección ocular y calzado con puntera, conforme la serie IRAM 3600 de protección personal. Nada suelto que pueda engancharse.

Lo que nunca se hace

  • Atar cuerdas al cuello, la cabeza o el cabestro para traccionar: provoca asfixia o fractura cervical.
  • Usar la cola como punto de izaje principal (solo asiste el tren posterior, con maniobra breve y controlada).
  • Meterse debajo de un animal suspendido o entre el animal y una pared, un alambrado o un tráiler volcado.
  • Cortar el alambrado sin controlar el retroceso del hilo tensado.
  • Improvisar sin veterinario y sin plan de contingencia si el animal se recupera de golpe y se levanta.

La mayoría de estas emergencias —vuelcos de jaula, animales en zanjas, pozos ciegos, piletas o acequias— se resuelven con equipamiento que el cuartel ya tiene. Lo que falta, casi siempre, es el procedimiento escrito y el entrenamiento previo con un maniquí de tamaño real. Ese es el primer paso.